Jaca bien vale un fin de semana.

Cada uno de nosotros tenemos nuestras montañas, nuestros pequeños retos cotidianos, nuestros caminos… esos que vamos superando día a día. Son problemas que se nos presentan y a los que tenemos que hacer frente de una u otra manera, pero siempre de la mejor forma posible. Es más… cada uno y cada una de nosotros está hecho de sus montañas. Esas montañas nos forman como personas y nos sirven para forjar nuestra personalidad por que al enfrentarnos a ellas y aún sin superarlas, nos hacen ser lo que somos. Las que nos ponen a prueba, nos desafían, nos motivan y finalmente nos reinventan. Cada uno de nosotros lo vive a su manera y tan solo con buena actitud, con paciencia y con las suficientes ganas seremos capaces de superarlas o como mínimo de aceptarlas. Todo esto me viene a la cabeza justo mientras subimos a la Peña Oroel desde el Parador que lleva el mismo nombre… una ruta que conozco bien y que me apetece compartir con alguien nuevamente.
Existen varias rutas para subir a este bonito mirador de los Pirineos como he comentado en anteriores entradas, pero esta quizás me parece la más directa y también la más bella.
A pesar de habernos acostado tarde la noche anterior y dormir poco nos hemos levantado muy temprano para hacernos el desayuno y así poco a poco irnos desperezándonos e ir tomándole el pulso al día.
     – ¿Te apetecen tostadas con mantequilla?
     – ¡Odio la mantequilla
     –  Era broma… ¡jajajaja
     –  ¿Preparo un bol de frutas mientras tu haces los bocadillos?
     –  Me parece perfecto.
     – ¿Dónde están los cuchillos?
     –  Creo que en el primer cajón
     –  Si, están aquí…
Y así entre risas y conversaciones triviales y otras no tanto vamos desayunando y preparando el material que nos vamos a llevar para pasar el día.
Poco después de acabar de desayunar y recoger un poco cargamos las mochilas y las botas de montaña en la furgoneta y pillamos la carretera que nos lleva a Jaca.
Llegando a esta bonita localidad del Pirineo de Huesca nos desviamos en el Sur de la ciudad y bajamos hasta el río Gas, y tras ascender en continuos virajes durante media docena de kilómetros llegamos por una pista asfaltada al punto de inicio, al Parador de Oroel. Vemos que no hay demasiados coches en el aparcamiento, el mal tiempo y la lluvia que se espera para el día de hoy seguramente ha hecho desistir a más de uno de hacer montaña, y habrán pensado en realizar otras actividades en la ciudad como ir de compras, visitar la Ciudadela o ir a patinar a la pista de hielo ya que Jaca cuenta con numerosas ofertas de ocio y gastronómicas, entre otras.
Nosotros seguimos a lo nuestro y tras revisar material, ponernos la botas y cargarnos las mochilas, empezamos a subir por el sendero que en 600 metros de desnivel nos ha de llevar al Collado de las Neveras, y aunque al principio es una pendiente fuerte poco a poco con varios zig-zags que han realizado recientemente en el camino se va suavizando y así poco a poco vamos dejando de hablar y nos vamos dejando absorber por la magia de esta zona del Pirineo aragonés y ascendemos lentamente rodeados de silencio y de pinos aunque de vez en cuando nos vamos cruzando con algún que otro excursionista que ha hecho los deberes antes que nosotros y ya bajan de la cruz, aunque por el mismo camino que han subido. Nosotros tenemos pensado bajar por la senda de los lobos en principio, aunque en función de cómo vaya el día ya lo decidiremos… y en esto los pinos dejan paso a los abetos y poco después llegamos al collado y curiosamente el cielo está muy abierto y reina un intenso color azul que le da mayor majestuosidad si cabe a la montaña. Nos congratulamos de este detalle y pasamos a hacernos unas fotos entre risas con la cruz de fondo… apenas quedan veinte minutos y 70 metros de desnivel para llegar arriba así que nos lo tomamos con calma y sonreímos, sabedores de que en nada obtendremos la recompensa que buscamos. La cruz cada vez nos queda más cerca y vamos charlando animadamente de la suerte que tenemos de poder disfrutar de estos espacios, pero también de estos momentos en los que se nos llena el alma de energía. Son momentos mágicos y únicos de los que vale la pena valorarlos y retenerlos todo lo que podamos en la retina para luego recordarlos con mayor intensidad si cabe.
Primeros pasos

Primeros pasos.

 

Collado de las neveras.

Dirección a la cruz.

Dirección a la cruz.

Muy cerca de la cruz, al fondo los Pirineos.

Cruz de Oroel.

Y llegamos a la cruz, y nos detenemos a recuperar el aliento pero también a observar todas las montañas de la zona y a intentar recordar el nombre de cada una de ellas… también observamos la Canal de Berdún, en dirección a Navarra, por donde fluye el camino de Santiago aragonés, uno de los mejores caminos que he recorrido y que en saliendo de Somport en Francia, llega a Puente La Reina tras 165 kilómetros de paisajes muy cambiantes.
Sacamos de la mochila el desayuno y nos sentamos en dirección a Mallos de Riglos, comentamos también que esa zona es muy bonita y que alberga la ferrata del mirador de los buitres, otra que queda pendiente de hacer juntos. Y así entre bocado y bocado, risas y comentarios sobre lo que va aconteciendo el día nos terminamos el desayuno y decidimos la ruta para retornar… al final decidimos crestear en dirección a la punta Bacials pero al llegar a la Senda de los lobos retornar por este camino para regresar al Parador, y así lo hacemos.

Disfrutando de los prados.

 

Senda de los lobos.

 

Tras rehacer el camino y llegar de nuevo al collado de las neveras, trepamos por unas pequeñas rocas hasta alcanzar de nuevo toda la parte de la cresta y por un sendero bien marcado vamos avanzando en un continuo sube-baja y rodeado de arbustos hasta llegar al desvío marcado con unos hitos que nos llevan por la senda de los lobos. Este camino, como ya he dicho en otras ocasiones es el que más me gusta para retornar de la cima ya que no está nada transitado y es muy salvaje y solitario lo que le da un plus de “aventura” a diferencia del sendero principal que está muy transitado, sobre todo los fines de semana. Y de nuevo, entre amenas conversaciones, risas y algún que otro traspiés por la hierba mojada llegamos de nuevo al Parador, cansados y satisfechos, listos para dejar las mochilas en la furgo, irnos al hotel a pegarnos una ducha y como no… disfrutar de la oferta gastronómica de la ciudad, unos pinchos y unos buenos vinos nos están esperando y nosotros… locos por degustarlos.
Como ya he dicho en alguna ocasión todo lo que vale la pena merece un esfuerzo, y es que la fe mueve montañas, incluso esas montañas interiores que tenemos, y en esto…como en tantas otras cosas, me siento una persona afortunada, muy afortunada.
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