Puig Pedrós de Lanós en dos días.

Una de mis muchas carencias es la memoria, o mejor dicho… la falta de ella. Es el peaje que tengo que pagar por tener tantas cosas en la cabeza, tantos momentos, tantas ilusiones, tantos deseos y tantos planes por cumplir. Mi casa suele estar llenas de libretas en donde apunto todo lo que me viene a la mente, para al cabo de unos meses releerlo y no saber ni que se me pasaba por la mente en aquel momento. No sé si es por una mente demasiado compleja o demasiado básica, pero es algo que me ha acompañado toda mi vida. Lo mismo sucede con las cosas que llevo en la mochila, desde siempre. Desde que tengo uso de razón y preparo mis propias mochilas llevo una especie de “ckec list”, tengo varias en el ordenador que imprimo y así voy tachando lo que pongo en ella. Tengo una para las cosas que he de llevar en la bici en invierno cuando hago cicloturismo, otra para verano, para travesía en montaña, trekking de un día, etc. Son innumerables, casi tantas como viajes realizados. Que ya son unos cuantos… el caso es que suelo ordenar los objetos en la mochila pero siempre que llego a destino no encuentro nada. ¿Qué por que os cuento esto? Justamente es lo que estaba pensando en esa gélida noche que pasé en La Cabaña de Les Besines mientras revolvía en mi mochila buscando el frontal.

Habíamos salido justo hacía unas horas desde un pequeño aparcamiento situado a unos 100 metros, justo en la bajada del Col de Puymorens pasado el desvío a Andorra. La tarde aunque serena se nos presentaba con algo de viento y bastante fresco, así que nos abrigamos con lo necesario, nos ponemos nuestras mochilas a la espalda y pillamos una pista ascendente que va flanqueando a media altura hasta pasar por debajo de unas tuberías de lo que suponemos debe ser una central eléctrica, hasta enlazar con un sendero G.R. El camino se va haciendo bien; es fácil, cómodo y además estamos algo resguardados del viento así que la cosa pinta bastante bien. Vamos charlando tranquilamente sobre lo que nos ha de acontecer el camino y así lo hacemos más ameno, aunque también he de decir que los silencios al caminar en estos paisajes se agradecen ya que te vas ensimismando con todo lo que ves a tu alrededor y reflexionas (yo al menos) de la suerte que tengo, de la suerte que tenemos de poder tener esa sensibilidad delante de una montaña y todo lo que le acompaña por que al final la montaña acaba siendo un mundo fantástico, lleno de luz, de belleza, de vida y como no… un inmenso escenario para satisfacer nuestro deseo de conectar con ella, siempre con cuidado ya que también es un espacio lleno de peligros en el que nos puede costar en última instancia la vida, solo hay que mirar la cantidad de accidentes que hay en ella, así que conviene estar entrenado física, mentalmente y llevar el material adecuado… y aún así.

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Justo ando pensando en esto cuando giramos en dirección Este y se nos va abriendo el valle, observamos que nos queda poco rato de luz, y aunque no es problema ya que llevamos los frontales con sus correspondientes pilas de recambio, si que es verdad que prefiero caminar a la luz del día siempre que puedo, el resto del camino no tiene más historia hasta llegar al Refugio en donde llegamos ya en noche cerrada.

Tras dejar las mochilas en las literas, procedemos a sacar la esterilla y el saco de dormir, encendemos unas velas y nos vamos a buscar leña para encender el fuego y así que caliente un poco la fría estancia. Como bien sabéis alrededor de los refugios de montaña no suele haber leña ya que se va utilizando y cada vez hay que ir más lejos. Esta no ha sido la excepción aunque como la noche aparte de fría pinta bien pues no hay mayor problema que hacer un waypoint en el GPS del refugio para localizarlo en caso de perdernos e ir a dar una vuelta con una bolsa de plástico para ir recogiendo todas las piñas que podemos, algo de pinaza para iniciar el fuego y leña un poco más consistente para que se vaya manteniendo el fuego durante la mayor parte de la noche. Y así lo hacemos. Por suerte nos ayuda un hacha que aunque bastante mal afilado hace el servicio con bastante dignidad.

Observo con incredulidad como mis pastillas de hacer fuego han perdido sus propiedades (mea culpa por no haberlo revisado antes de salir) así que me lio a hacerlo a la antigua usanza, con mechero y papel pero no hay manera de que encienda debido a la humedad del material así que opto por el plan B que es conectar el hornillo al gas y a modo de soplete irle dando a la pinaza y a las piñas hasta que por fin prende… el resto y con la estructura piramidal… coser y cantar.

El caso es que la noche no da para más salvo hacer la cena, las típicas conversaciones en la montaña y cenar para poco después meterte en el saco, y acabar durmiendo regular, en mi caso algo mal. Ya va siendo hora de cambiar mi viejo Ferrino que tantas buenas noches me ha dado, pero que con las lavadas y las compresiones ha ido perdiendo propiedades. Toca pasar la semana que viene por la tienda de montaña.

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Por la mañana nos despertamos con el amanecer y con la humedad del refugio, salimos fuera y empezamos a prepararnos el desayuno, a recoger el material y tras colocarlo toda bien y arrancar los GPS empezamos a caminar por el fondo del Valle y paralelos al lago hasta empezar a remontar al Refugio guardado de Les Bessines en donde hacemos un alto para ajustar material y comer un poco. Saludamos a unos excursionistas franceses y poco después iniciamos la marcha de nuevo siguiendo el G.R. 10 y en cuanto podemos cruzamos por una zona bastante pedregosa para meternos de nuevo en el fondo, esta vez de otro valle y rodeados de pequeños estanques vamos en dirección a los Estanys de Molsut y tras pasarlos empezamos a subir claramente hasta llegar a La Portella de Lanós, en donde de nuevo paramos a hacer un pequeño receso y unas fotos de las impresionantes vistas ya que llevamos un buen rato caminando. Tras este parón pillamos el cordal que nos deja en la base del Puig de Lanós y vamos subiendo por un pequeño pedregal hasta llegar a la cima, en donde acabamos por una pequeña cresta nada difícil y poco aérea y así llegamos a la cima. Poco de decir de este momento ya que los que estaréis leyendo esto sabéis de sobra lo que es conseguir una cima, por pequeña que sea.

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Risas, fotos, conversaciones y así poco a poco ir echando la vista atrás y empezar a bajar de nuevo por donde habíamos subido, o intentándolo al menos ya que al no haber camino marcado, acabas yendo por donde tus botas y tu sentido común te dictan.

De nuevo en la base y tras dialogar un rato, optamos por salirnos del track que nos marca el GPS ya que tenemos el camino de vuelta bastante claro y así, perdiendo la menor altura posible empezamos a tomar la dirección que nos ha de llevar a enlazar con la HRP y devolvernos a la furgoneta que habíamos dejado el día antes en el Parking.

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El camino de vuelta se tuerce un poco ya que hay que ir haciendo algún pequeño e ínfimo destrepe ya que al final perdemos el sendero que habíamos ido reconociendo en la lejanía. Quizás lo más cómodo hubiera sido bajar directamente al fondo del valle para enlazar directamente con la pista pero ahora ya está hecho y como no hay riesgo absolutamente de ningún tipo más que ir siguiendo y resiguiendo la media ladera a la que vamos, pues seguimos por ella hasta enlazar con la pista que nos conduce a la Alta Ruta Pirenaica.

A partir de aquí y de una manera mucho más cómoda vamos por la pista y vamos cruzando ríos, algún riachuelo y pasando por parajes muy hermosos, hasta que encontramos una zona de hielo y acabo en el suelo por un pequeño despiste, me levanto, me repongo y miro hacía atrás por si me ha visto nadie. Manías que tiene uno.

El caso es que tras pasar un enorme y bonito prado en forma de humedal pillamos de nuevo una gran pista que nos lleva hasta el fondo del valle y allí, ya muy cercanos a la carretera que sube a Andorra volvemos a coger el G.R. esta vez en subida, y al legar a una zona de antenas cortamos por un pequeño sendero el cual se nota que acaban de abrir ya que está absolutamente limpio y bien señalizado, vamos en un continuo y casi kamikaze zigzag hasta que divisamos la furgo a unos trescientos metros… mientras me viene a la cabeza una frase de un buen amigo que siempre dice que “la mayoría de los habitantes de este planeta no son conscientes de que tienen fecha de caducidad y viven como si no fueran a vivir nuca…” yo por suerte, siempre he sido el más listo de la clase en eso y sigo disfrutando como el primer día de todo lo que hago, y cuando la muerte venga a verme me pille con la cartera vacía y el corazón repleto de sonrisas y experiencias.

A todo esto… mientras buscaba con la linterna de emergencia el frontal en la mochila, acabé dándome cuenta de que lo llevaba puesto en la cabeza. Como ya os decía al principio, una de mis muchas carencias es la memoria, o la falta de ella. Pero por suerte, no me lo tomo muy en serio. Tened cuidado ahí afuera.

Ruta en wikiloc: Pulsa aquí

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