Dos días por la Sierra de Guara. Rodellar-Las Bellostas. (Día 1)

Conversar hasta caer rendidos es uno de los aspectos que más me gustan cuando salgo a hacer montaña y pasamos la noche fuera. Haga frío o calor, llueva, nieve o corra aire, siempre es un placer estar a buen recaudo en un alberge libre, guardado, en un vivac o como en este caso, bajo el porche de una iglesia, aún más si hace mucho tiempo que no compartes estos ratos con esas personas que tanto quieres y que por azares de la vida poco has podido compartir con ellos ultimamente, aunque eso si, lo vivido ha sido siempre muy intenso.

El caso es que andamos entre bromas y las típicas frases de “pásame el agua” ¿tenéis un frontal a mano? o la siempre socorrida “echa para allá no me vayas a roncar en la oreja” cuando poco a poco el cansancio por el camino hecho durante el día así como el dolor de costillas de tanto reír nos van poniendo en manos de Morfeo.

El día de hoy ha empezado en Rodellar, una ruta que habíamos planeado desde hacia ya varios meses y que nunca encontrábamos el momento de coincidir los tres para realizarla… ¡Hasta ahora!

Una vez llegados a Rodellar , dejamos el coche en el Parking y tras hacer un repaso de última hora a nuestras mochilas y material, pasamos a cargarlas y a callejear por esta bonita localidad de Guara hasta que a Rubén se le ocurre decir… ¿Echamos una cerveza? Y acto seguido estamos en una terraza disfrutando del líquido dorado y precioso y así sacamos el mapa para acabar de decidir la ruta. No sabemos si subir por Cuca Bellosta o por Andrebot, y finalmente decidimos por este último ya que hace tiempo que no pasamos por allí, y Cuca Bellosta la tenemos más reciente.

Tras concretar la ruta pagamos y ahora si… acabamos de cruzar el pueblo y nos dirigimos hacía el barranco del Mascún donde hay una empinada y pedregosa bajada. Le pedimos a unos paseantes que nos hagan una foto y así quedar inmortalizado el inicio de la ruta y ahora sí, vamos bajando con sumo cuidado hasta llegar al fondo del barranco. Cruzamos el río y transitamos por un estrecho sendero paralelo a este, que por cierto no baja muy caudaloso y así van transcurriendo los primeros minutos de la travesía entre risas, charlas y avistamiento de algún que otro escalador que hay por la zona.

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Bajando al Mascún.

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El río baja poco caudaloso.

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Inevitable hacer esta foto… el delfín de Guara al fondo.

Al llegar a la zona del “delfín de Guara” nos detenemos a reajustar material y de paso a tomar unas fotos… siempre es digno de ver este agujero en la roca y deleitarnos con su entorno… tras esto nos dedicamos a seguir la estela de Rubén, que como siempre es el que está más fuerte sobretodo subiendo por la zona del barranco del Andrebot, una pedregosa subida que no da tregua. Por el camino nos vamos cruzando con algunos corredores que por lo visto están realizando alguna ultra trail. Comentamos que estos tipos están hechos de otra pasta y son unos figuras, pero sin embargo nosotros preferimos ir mirando el paisaje y realizar los caminos con calma. Por suerte hay gustos para todo.

Una vez pasada la cueva del Andrebot llegamos a una ensenada y giramos en dirección Norte, destino al Dolmen de Losa Mora, en donde hay un buen lugar resguardado del aire en donde comer algo, beber y descansar.

Y así, tranquilamente llegamos al Dolmen, nos descargamos las mochilas y sacamos los bocatas que nos ha hecho Conrado y los degustamos mientras buscamos información sobre la piedra sepulcral.

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En la ensenada del Dolmen de Losa Mora.

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Echando un vistazo al mapa sobre el Dolmen.

Por lo visto, fue construido hace como unos 4.000 años por pastores del Neolítico y Martín Almagro lo excavó en 1935 y encontró huesos de varios individuos junto a hachas de piedra, puntas de flecha, cuchillos de sílex, etc. De ello se deduce que en la cámara interior, los constructores de este dolmen y sus descendientes depositaron a sus muertos con sus ajuares, en enterramientos colectivos. Tras los enterramientos el dolmen se cubría totalmente a excepción de una pequeña abertura, formando un gran túmulo de piedras (de 12 m. de diámetro) del que todavía quedan restos al pie del dolmen. El túmulo lo forman piedras calizas de tamaño medio, de 20 a 30 cm. y se halla muy erosionado. No cubre en la actualidad toda la cámara y levanta como máximo 80 cm.

En torno a este dolmen, los pastores de Guara cuentan leyendas de brujas, tesoros perdidos, seres fantásticos y sucesos extraordinarios, como el que le sucedió a un vecino de Rodellar que iba a vender a Nocito. Al pasar junto a la Losa Mora una forma humana con luces brillantes en torno a su cabeza, se subía a lomos de su cabalgadura moliendo a palos al desgraciado buhonero.

Esperando que no nos muelan a palos a nosotros, levantamos campamento mientras decidimos si acercarnos a Nasarre y luego coger el G.R. 1 en dirección a Las Bellostas o encaminarnos directamente hacía allí, y como hace bastante calor y no tenemos previsión de encontrar agua por el camino decidimos tirar por la tangente y encaminarnos hacía Otín por un precioso camino bastante llano que en poco más de media hora nos lleva a este pueblo abandonado. En el mapa de Alpina marca una fuente pero está seca así que continuamos camino por una excelente pista rodeada de bosque propio de la zona. Seguimos hacia Letosa, otro de los muchos pueblos despoblados de la zona, en donde esperamos encontrar alguna fuente que marca el mapa, y de nuevo la encontramos seca. Este año las lluvias han sido muy escasas en la zona e incluso los ríos bajan con escasa o nula agua, así que continuamos plácidamente hacia nuestro punto de destino siguiendo la pista, y así llegamos a cruzar el Río Balcez por un puente y tras charlar un buen rato con un pastor de la zona nos encaminamos primero al pueblo y después a la Iglesia de Santa María, un poco separada de las viviendas del núcleo.

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Camino a LAs Bellotas.

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Fuentes secas.

Tras soltar mochilas nos encaminamos a la fuente a buscar agua, y de nuevo… la encontramos seca. Por fortuna, unos habitantes del pueblo nos ofrecen agua de sus casas así como lugar para dormir en los pajares, aunque nosotros desestimamos la segunda opción ya que nos apetece dormir en el pequeño altozano, en donde está situada la iglesia y junto al muro.

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El lugar en donde dormir es idílico.

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Preparando la cena.

Unos vecinos curiosos se acercan más tarde en donde estamos montando el vivac y charlamos animadamente con ellos mientras va oscureciendo, y así tras ellos retirarse a sus casas nosotros empezamos a hacernos la cena en el hornillo y observamos como las temperaturas están bajando muy súbitamente y se empieza a levantar un aire muy gélido, así que decidimos montar unos ponchos a modo de parapeto en el pórtico de la iglesia y cocinamos dentro, bajo techo para evitar tener problemas a la hora de hacer la cena ya que de esta manera andamos bien resguardados. Frontal y linternas encendidas, nos dedicamos a preparar la cena mientras charlamos sobre la rápida bajada de temperatura y otros temas por los que nos sentimos muy unidos desde hace muchos años, y así mientras cenamos, y entre risas y frases tan socorridas como “echa para allá no me vayas a roncar en la oreja”… vamos bajando la voz hasta meternos en el saco y quedarnos dormidos el uno junto al otro, como en los viejos tiempos. Hay cosas que por fortuna, no cambian.

 

 

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