Esta tripulación inicia el camino de vuelta al Sur.

Amanecemos en el Hotel Edda de Akureyri. Después de casi una semana sin hacerlo, es todo un lujo poder ducharse y afeitarse por la mañana. Tras preparar alforjas y meter la ropa limpia en ella, bajamos a desayunar. El buffet está lleno de abueletes ávidos de coger de todo, de meter prisas, y de montar escándalo. Esto tampoco varia mucho en ningún país, llamémoslo civilizado. Nos hacemos fuertes ante unos platos de embutido y pan y pasamos a desayunar sentados en una mesa, como mandan los cánones.

Nuestro autobús sale a las ocho de la mañana así que hay que darse prisa en prepararlo todo. Hace una mañana magnifica, lo que nos hace presagiar un buen día a bordo de nuestros navíos. Tras desayunar y pagar el Hotel (que no es nada barato) montamos todo el material en las bicis y bajamos a la estación de autobuses, sacamos los tickets y colocamos las bicis en la parte delantera del autobús, entramos en el bus, me acomodo, me coloco el plumón y en seguida me quedo adormecido, por la carretera apenas hay tráfico y lo que vamos avistando entre cabezada y cabezada son centenares de ovejas, pastos increíblemente verdes y paisajes de una belleza extrema. Esto es Islandia en su más pura esencia.

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Nada como un buen porta-bicis en el autobús.

 

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Con los deberes hechos, rumbo hacia el Sur.

 

Tras unos cien kilómetros paramos en Varmahlid donde hay una cafetería y un supermercado donde tienen un buen surtido de productos para llenar nuestras alforjas pero como llevamos el trabajo hecho del día anterior nos relajamos tomando un café, que resulta ser el mejor que tomamos en la isla.

Retomamos camino tras unos cuantos gritos y gestos del conductor para unos treinta kilómetros más adelante, justo al borde de la N1 se detiene el autobús y nos deja en la entrada de la F35, por delante tenemos unos 200 kilómetros de pista corrugada y desierto hasta llegar de nuevo a la civilización. ¡Esto promete!

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Postureo del día. Primeros metros de la F35.

 

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Empezamos a rodar en serio.

 

Al montar las bicis observamos el cambio que hay de firme con respecto a la F26, tiene pinta de ser mucho más amable, mejor trazada y esto unido a que tenemos el viento a favor por primera vez en todo el recorrido y que hace sol y hasta calor nos hace ser muy optimistas.

Arrancamos y en seguida vamos sumando risas, experiencias, desnivel y kilómetros. Las horas transcurren serenas y empujados por el viento llegamos en seguida a Afangafell, una pequeña cota a 584 metros de altitud y tras bajarla avistamos una cabaña, que resulta ser un pequeño oasis en medio del desierto, un gran paraíso. Afangi, la cabaña cuenta con todo tipo de servicios para acampar. Ducha, cocina, sala de estar e incluso un enorme jacuzzi exterior, en donde como no podría ser de otro modo y tras ducharnos, pasamos a disfrutar de las aguas termales de la zona.

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Cabañas de Afangi.

 

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Zona de acampada de Afangi bajo un atardecer fantástico.

 

Vemos mientras tanto como van llegando otros ciclistas de varias nacionalidades y algún que otro excursionista que está realizando la travesía caminando, así que pasamos a hablar con algunos de ellos y a compartir experiencias y algún que otro café. Mención especial para un Australiano, Pete que tras tirarse un mes por Irlanda y cuando acabe de recorrer Islandia tiene previsto rodar por Centroeuropa, en total cuatro meses de puro cicloturismo, el sueño de muchos de nosotros.

Y así, sin mayor dilación pasa el mejor día y más tranquilo que tuvimos en la isla.

 

Al día siguiente despertamos por el ruido que produce la lluvia una vez más, pero esta vez al tener el refugio de Afangi al lado nos vamos para adentro y desayunamos calientes, secos y con bastante tranquilidad.

Más o menos esto es lo que esperaba de Islandia: Viento, soledad, lluvia, esfuerzo, sacrificio, caminos en mal estado, desierto, lluvia y más lluvia pero también pensaba en que íbamos a encontrar algún refugio más, alguna comodidad más. Campings mejor estructurados. Quizás Islandia no es el país bike-friendly que nosotros mismos nos hemos vendido. Una fantasía que nos hemos creado a nuestro deseo y que a veces confundimos con la realidad. Islandia es un país al que le queda mucho por hacer en cuanto al eco-turismo y en cuanto infraestructuras si quiere crecer como tal. Aquí hay mucho y bueno por hacer, espero que no se equivoquen de estrategia y vayan por el camino de intentar sacar al turista todo lo que pueden y más sin dar nada o poco a cambio. Esta es la sensación que tenemos de todos lo que viajamos sin contaminar, por nuestros propios medios ya sea en bicicleta, andando o a caballo. Esa es la idea generalizada… todo es muy caro a cambio de nada o de muy poco.

Con esta conversación vamos desmontando las tiendas bajo la fina lluvia, y tras despedirnos partimos hacia el Sur, rumbo a Hveravellir, en la que esperamos que sea nuestra penúltima etapa en la F35.

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Agua y más agua por todas partes.

 

Salimos al camino y observamos que poco a poco va empeorando el firme, cada vez hay más tierra suelta, más piedras y el camino está peor trazado, está claro que cuanto más te acercas al centro de la Isla, al centro de las Highlands el propio clima hace que las tareas de mantenimiento de esta pista sean absurdas así que empezamos a pegar los primeros botes encima de nuestras bicicletas aunque el viento que tenemos de nuevo a favor nos resta algo de dureza al día, hasta que tras coger un pequeño desvío a la derecha avistamos la zona geotermal de Hveravellir, sin duda una de las zonas con mayores atractivos de la isla, ya que dispone de una de las áreas geotérmicas más bellas de toda la isla.

Hay rutas de senderismo en los alrededores, por ejemplo las que van a Rjupnafell, Thjofadalir, Jökulkrok e incluso una ruta hasta el glaciar Langjökull (que es, tras el Vatnajökull, el segundo de los glaciares por tamaño de Islandia). También rutas más largas, por ejemplo, hacia Hvítárvatn en el sur (un lago que es fuente del río glaciar Hvítá), así como la antigua ruta sobre Kjalhraun (un desierto de campos de lava) a lo largo de las fronteras del glaciar Langjökull.

Como veis, innumerables opciones para todos los gustos. Nosotros tras dejar en buen puerto a nuestros navíos y montar la tienda pasamos a visitar la zona geotermal para luego darnos un buen baño bien caliente en una de las pozas naturales puestas a tal efecto. Tras esto y con el correspondiente olor en nuestros cuerpos a azufre fuimos a hacer un pequeño trekking por la zona antes de que fuera muy tarde, y tras regresar a la tienda cenamos en una de las zonas comunes que no era más que un toldo con dos mesas, algo muy insuficiente para la cantidad de personas que estábamos acampados y así, nos metimos en el saco de nuevo.

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Zona de acampada. El mundo es nuestro.

 

Amanecemos una vez más, muy temprano. La bandera de Islandia que cuelga del asta no se mueve. Mal presagio, cuando no hay viento en el momento que empieza haberlo puede ir en cualquier dirección y esta vez nos puede tocar la china de soplar en contra y en efecto, mientras desayunamos se levanta una buena ventolera en nuestra contra, en dirección de Sur a Norte, algo inusual en esta época del año y en estos lares. Nos resignamos, desmontamos tienda y montamos alforjas.

Y salimos otra vez al camino, un día más. Nos habían avisado de que los casi 100 kilómetros entre Gullfoss y los altos de Kjölur son los únicos relativamente duros. Hay trechos con un firme donde abunda la grava gruesa o el pedregal o las molestas cicatrices transversales que dejan las orugas tras reparar la vía a las puertas del verano. Hay también algún largo tramo cuesta arriba como las rampas de Granunes, tras las que se alcanza el nivel de los 700 metros en el desierto de Kjalhraun. En contrapartida, hay refugios de emergencia localizables cada 15 o 20 kilómetros. También como algo bueno contamos que todos los ríos tienen puente como está siendo hasta ahora. Por lo que esta parte acaba siendo mucho mejor que la que hicimos de subida.

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De nuevo en camino.

Hoy pretendemos salir de la F35, de la zona engravillada y así visitar la cascada de Gulfoss, justo llegando a la zona ya asfaltada, se supone que a partir de hoy ya no volveremos a rodar por pista de arena o gravilla, y vamos charlando sobre este tema y otros como que el viento vuelve a darnos de lo lindo y del mal día que hace, llovizna y está todo muy gris. Daban posibles lluvias para hoy y se han cumplido, no obstante esto no quita la maravilla de paisajes que tenemos alrededor. Podemos avistar el Langjökull en todo su esplendor, y así entre la dureza propia de la pista y el corrugado vamos sumando kilómetros muy lentamente. El tiempo sigue empeorando y decidimos parar junto a una cabaña de emergencia a comer, como está abierta nos metemos dentro y así al menos no recibimos los encontronazos del viento, entre risas comentamos que nos va a dar guerra la ruta hasta el último kilómetro, como debe ser. Estamos a los pies del Langjoküll, el segundo glaciar en importancia del país y cuyo pico más alto mide 1.360 metros. Es increíble ver a estos colosos de hielo mientras estás tranquilamente sentado tras un cristal. Solo por estas cosas vale la pena la dureza del viaje, algo que ya sabíamos de antemano.

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Zona del Langoküll.

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El Monte Blafell.

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Si los Elfos habitan Islandia fijo que están aquí.

Recogemos de nuevo y seguimos camino hasta empezar una dura subida bajo lo que ya es una fuerte tormenta y una densa niebla que apenas nos impide ver nada, pero seguimos erre que erre y comenzamos por fin a bajar, rumbo al asfalto a la vez que va cediendo la lluvia dando paso a unos resquicios de sol. Es algo a lo que no me acostumbro ya que puedes tener las cuatro estaciones del año en apenas unas horas. Y por fin llegamos al asfalto, y tras unos poco kilómetros llegamos a la cascada de Gullfoss. Si la de Godafoss ya me pareció espectacular, esta es de summa cum laude, esta cascada también llamada la catarata dorada es la más famosa de Islandia. Es un espectacular salto doble de agua, con una altura de 32 metros que cae vertical sobre una estrecha quebrada. En los días de sol aparece un arcoíris reluciente, y en invierno es mágico ver el hielo resplandeciendo en las cataratas. En los días grises y lluviosos, a veces la segunda caída está envuelta de neblina y la Gullfoss resulta menos espectacular.

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Gulffoss.

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Otra perspectiva de Gullfoss.

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Nuestra cara lo cuenta todo. 

Como anécdota os cuento que esta catarata estuvo a punto de desaparecer en los años veinte ya que un grupo de inversores extranjeros quisieron comprar estas tierras para construir una presa en el río Hvitá, aunque por suerte no se llevó a cabo y desde el año 1975 fueron cedidas a la nación de Islandia y desde entonces ha sido declarada reserva nacional.

Nosotros al llegar desencalamos y procedemos a hacer la visita a pie. En seguida que llegas encuentras un enorme parking repleto de turistas, unos lavabos (de pago, por supuesto) una zona de tienda y cafetería y ya encaras un sendero hacía la cascada. Vamos paseando lentamente hacia ella y nos hacemos una serie de fotos para inmortalizar el momento, luego nos quedamos absortos mirándola y comentamos que a pesar de que no baja agua en exceso ya que el río es muy ancho, cuando converge toda esa fuerza sobre la cascada es brutal. Y así pasamos una media hora hasta que decidimos seguir hasta Geysir, ya son más de 80 kilómetros y allí buscaremos algún lugar en donde cenar y dormir.

Bajamos por la carretera sin mayores problemas salvo el tráfico, acostumbrados a tantos días de soledad esto nos “estresa” un poco aunque seguimos disfrutando mucho de los paisajes, y así 20 kilómetros más tarde llegamos a un Guest House pegado a la carretera en donde nos dicen que no tienen alojamiento ya que están al completo. Se nota que empezamos a rodar por las zonas más turísticas de Islandia, dicho esto llegamos a la zona de Geysir ya y decidimos visitarla y mientras decidir donde pasar la noche, ya que nos apetece dormir en blando.

Candamos las bicis a la entrada y accedemos al recinto de la zona de los géiseres, allí nos informamos y resulta que Geysir es el chorro de agua caliente original que dio nombre a todos los géiseres del mundo. En el pasado el agua del Gran Geysir alcanzaba cerca de los 80 metros de altura pero sobre los años 50 los turistas empezaron a intentar provocar el chorro tirando rocas y taponaron la salida. Ver para creer. Ahora es poco fiable, aunque hay algunos al lado que no hay que esperar más que 5 o 10 minutos para ver el chorro, y este sale disparado entre 10 y 15 metros de altura. El secreto está en no ponerse en la dirección del viento sino quieres acabar chorreando.

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Geysir.

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¡Ojo no te mojes!

Cuando vemos algunos geyseres en activo y nos damos una vuelta por el recinto decidimos que hacer y robando wifi de uno de los autocares turísticos que están aparcados junto al recinto miramos hoteles cercanos y vemos un guest house con plazas en la localidad de Reykhlot a unos veinte kilómetros de donde estamos por lo que acabaremos haciendo unos 120 kilómetros en la etapa de hoy. Decidimos ir, y decidimos comprar algo para comer en la gasolinera que tenemos a unos metros de donde estamos. Llevamos casi todo el día sin comer y son más de las ocho de la tarde. Tras reponer fuerzas seguimos bajando por la carretera F35, la belleza del paisaje y los bocadillos que nos hemos metido hace nada nos hace recuperar fuerzas así que pedaleamos con energía por una carretera totalmente solitaria, mientras voy pensando en todo lo que nos ha deparado el día: Salida desde Hravellir, todo el corrugado de la pista, la lluvia, el viento cerca del glaciar y las bajas temperaturas, la salida al asfalto, Gullfoss, Geysir y ahora dirección a Reykhlot… Son muchas emociones y experiencias condensadas en apenas doce horas, es lo que me gusta de estos viajes,  no sabes lo que vas a obtener al llegar a la siguiente curva, a la siguiente población, con quien te vas a encontrar… y esta suma es lo que me da la vida, ni más ni menos.

Llegamos a Reykhlot y buscamos el alojamiento, como la localidad es muy pequeña apenas hemos de buscar demasiado y llegamos a una excelente guest house, en donde nos recibe la propietaria. Son algo más de las nueve de la noche así que no hay nada abierto para comprar comida y nos hemos de conformar con los restos de estos días que no es más que un sobre de pasta y unos trozos de plátano deshidratado. Tras la ducha y arreglarnos un poco, damos cuenta de la escasa cena y nos vamos a dormir. A ver lo que nos depara Islandia mañana, por lo pronto hoy no ha estado nada mal.

Ruta de este día:

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