Huyendo hacía la civilización.

Cuando planeas un viaje, cuando te surge la idea de hacer un viaje siempre te asaltan las dudas, los miedos, las inseguridades. Este no ha sido la excepción. Por mucho bagaje que tengas realizando actividades ahí fuera siempre hay un pequeño resquicio para la duda y me viene a la cabeza esa frase de Juan Benet “El error obliga a rehacer el camino y eso enseña muchas cosas. La duda, no. Entre el error y la duda, opto siempre por lo primero”. Y así es siempre. Ya no tengo miedo a equivocarme, aunque si de dudar.
Ando divagando de buena mañana sentado en el suelo y fuera de la tienda, seguramente por la falta de glucosa o de magnesio cuando a todas esas se despierta Jordi y con una sonrisa suelta… ¿Vaya pedazo de día, no?
En efecto. No llueve. No hace viento. No hay nubes. Hace Sol. No hace frío.

– ¿Qué quieres desayunar?
– ¿Café? ¿Pastel de nueces?
– ¿Hay algo más?
– No.
– Vale.
– Vale.
– Bueno.

Encendemos el fogón y calentamos el agua para tomarnos el café mientras comentamos lo que va a ser la jornada de hoy, ya que quedan unos 80 kilómetros hasta la salida de la Sprengisandur y allí visitar la cascada de Aldeyjarfoss, que según hemos leído tiene pinta de estar genial.

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Zona de acampada.

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Nuestra casa y nuestros galeones. Libertad absoluta.
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Primeros kilómetros del día.

Tras desayunar recogemos y regresamos a la pista que ha de llevar a la zona norte de la isla, y con la pista retomamos piedras, tierra, baches y demás componentes que nos han acompañado estos últimos días., aunque si es cierto que la pista va mejorando conforme pasan los kilómetros. El día es espectacular, nada gélido y muy soleado aunque se va levantando una ligera brisa, que como no… nos viene de cara. Y así vamos subiendo pequeños montes y bajando al fondo de los valles para cruzar pequeñas corrientes de agua, riachuelos o ríos, según la zona por la que pasamos aunque en la mayoría pasamos montados en nuestras bicis y sin mojarnos en absoluto.
Y Jordi, cuando llegamos arriba de una de estas pequeñas cotas, y mientras descansamos mirando el fondo del valle, me dice:

– ¿Te has fijado Alfons?
– ¿En que?
– El día de hoy es como una especie de videojuego. Vamos pasando pantallas, una tras otra, en todas hacemos lo mismo pero ninguna es igual.

Y me quedo pensativo, y sonrío. En efecto, mejor descripción imposible.

– Lo has clavado chaval.

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Zona de videojuegos.
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Pasos nada complicados.

Poco después de comer algo volvemos a descender para volver a remontar y en ese continuo sube y baja y con el aire que empieza a molestar bastante me voy quedando sin gasolina, ya llevamos cerca de 70 kilómetros que aunque no son demasiados con el esfuerzo de estos días más la acumulación del día de hoy me empiezan a pesar, así que tras una endiablada bajada y la orilla de un bucólico lago rodeado de ovejas decidimos parar a comer y a tumbarnos tranquilamente a descansar.

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Breve descanso en el lago.

Charlamos como no, del día tan excelente que nos está haciendo a pesar del viento y de que parece que vamos dejando atrás el mal firme de la Sprengisandur y que ya en breve salimos de ella y pillaremos algo de asfalto según los mapas. Y en eso que toca recoger, llenar nuestras cantimploras en el lago y salir de nuevo a pedalear hasta llegar a la cascada de Aldeyjarfoss y contemplar su extrema belleza. Para eso dejamos las bicis en un parking de tierra al lado de varios coches y nos acercamos andando a una especie de mirador donde poder observarla mejor.

Nos detenemos a observar el paisaje, rebosantes de felicidad y sabedores de que la Sprengisandur se ha acabado por fin, la extrema dureza del camino se ha acabado, aunque esperamos que los grandes paisajes y las buenas sorpresas nos vayan acompañando todo lo que nos resta de travesía.

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Saliendo de la Sprengisandur.

Y así, arrancamos de nuevo en plena bajada y justo cuando nos ponemos en el camino paralelos al río nos empieza a soplar una buena ventolera que haría sonrojar a cualquiera, apretamos dientes, bajamos piñones y nos acordamos de los elfos y duendes habidos y por haber en la isla. La etapa ni mucho menos ha acabado y Jordi me dice que me ponga a su rebufo bastante agotado y los últimos veinte kilómetros los hacemos luchando contra el Dios Eolo, sabedores por eso de que solo es cuestión de tiempo y paciencia vencerlo. Y en efecto, justo cuando se nos echa una densa niebla encima llegamos al Camping de Godafoss, en donde teníamos previsto pasar la noche. Montamos tienda, cenamos algo y tras conversar sobre los acontecimientos del día, nos echamos a dormir.

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Camping de Godafoss.

Al día siguiente me despierto muy temprano, cansado de la paliza de ayer pero feliz, hoy toca una etapa corta hasta Akureyri, la segunda ciudad más poblada de Islandia y además la haremos por carretera, lo que será un inmenso descanso para nuestras maltrechas espaldas después de tantos kilómetros de camino corrugado.

Con estos pensamientos me acerco hasta la cascada de Godafoss, también llamada la cascada de los dioses y que dicen que es una de las más espectaculares de Islandia, y doy fe de ello. Me siento tranquilamente a disfrutar del espectáculo que me brinda la naturaleza en completa soledad. Es tan temprano que aún no ha llegado ningún turista a la zona lo cual le da doble valor a tal visión. Me congratulo de haberme despertado tan pronto. El cielo está nublado y la mañana es fría, y así voy paseando mientras espero que Jordi se levante y cuando lo hace nos vamos a desayunar a la cafetería de la gasolinera. Comentamos que se nos hace muy raro comer sentados y sin preparárnoslo nosotros.

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La espectacular cascada de Godafoss.
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Godafoss.

Vamos de nuevo a la cascada, tomamos las fotografías de rigor y antes de que se infeste la zona de esos turistas que llegan a todas partes en vehículo motorizado volvemos al camping para seguir nuestra rutina de cada día. Salimos poco después a la Ring Road, apenas pasan coches y rodamos bastante relajados, la carretera a pesar de que nos resulta bastante monótona contiene unos paisajes excelentes y así vamos devorando kilómetros y kilómetros hasta llegar a un pequeño puerto de montaña en donde nos aguarda una gélida y traicionera niebla que nos hace tiritar de frío en la bajada a pesar de ir bien abrigados, y sin más anécdotas ni historias llegamos a la ciudad de Akureyri, en donde buscamos el Hotel en donde vamos a pasar la noche.

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La traicionera niebla nos aguardaba.
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Llegada a Akureyri.

Tras ducharnos y cambiarnos de ropa, vamos a un Backpackers para lavar la ropa y echar unas buenas cervezas, y así tranquilamente y mientras esperamos a que la lavadora y la secadora acabe departimos sobre el día de mañana y decidimos que como la carretera nos resulta muy monótona y aún llevamos una jornada de retraso debido a la perdida de bicis en el aeropuerto del Prat, de los cuales ni WOW AIR ni el aeropuerto se han hecho responsables y no hemos acabado recibiendo indemnización ninguna pillaremos el autobús hasta Varmahlid, de hecho hasta unos kilómetros más adelante, en el cruce con la F35 que es la que nos llevará de retorno al aeropuerto de Keflavik.

Y así, con la ropa limpia vamos a un súper a comprar alimentos para pasar estos días hasta llegar al Sur de la Isla ya que prevemos que no vamos a encontrar ningún lugar en donde dormir o comprar ningún tipo de comida o bebida así que toca cargar con peso extra de nuevo. Volvemos al Hotel a descansar. ¡Mañana Jökull nos espera!

 

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