Islandia. Lo que mal empieza no tiene por que acabar peor.

Aeropuerto de Keflavik, las tantas de la madrugada. No paran de salir maletas por la cinta transportadora y nosotros andamos a la espera de que salgan nuestras bicicletas, nos imaginamos entre bromas que en nada estaremos montándolas en el hotel para emprender así una buena aventura que es cruzar la Sprengisandur y Jökull en autosuficiencia. Nada más lejos de la realidad.

Acaban de salir todas las maletas, se para la cinta y no sale nada más. ¿Dónde están nuestras bicis? Nos miramos y vamos hacia el mostrador de la compañía que está a escasos veinte metros. Preguntamos por ellas y nos dicen después de llamar a Barcelona, que se han quedado allí, en el Prat, arrinconadas y que nos las traerán en el próximo vuelo. Ponemos una reclamación. Cabizbajos y preocupados salimos del aeropuerto, llamamos al Guest House Alex para que nos vengan a buscar y buscamos opciones para pasar estos dos días. Esto va a demorar nuestros planes, así que habrá que pedalear más horas o pillar algún autobús. La pena es que hay una ventana de tres días de buen tiempo que no vamos a poder aprovechar. Llegamos al Guest House y desayunamos, dormimos un rato y lo vemos todo de otro color, hacemos inventario de todo el material que no tenemos y nos vamos a Keflavik a dar una vuelta, una ciudad que aunque es pequeña para lo que son nuestras ciudades, allí es una de las más grandes. Aún queda algún vestigio de la Base Militar norteamericana que ha estado en funcionamiento durante 50 años y que le ha dado mucha vida y recursos económicos a esta localidad. Nos acercamos a dar una vuelta por la zona costera y acabamos en los acantilados, con la mirada puesta en las montañas y en las zonas nevadas, los dos esperamos en un par de días empezar a rodar por esos bastos paisajes.

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Zona costera de Keflavik.

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Camino de los acantilados.

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Zona de acantilados de Keflavik.

Miércoles.

Seguimos sin noticias de nuestras monturas, así que decidimos hacer lo que teníamos pensado realizar el último día de nuestra estancia en Islandia, turismo por la capital y de paso comprar algunos enseres que necesitamos y que están en las cajas de las bicis. Pillamos un autobús en el aeropuerto, que no es nada barato, de hecho todo en Islandia es súper caro, imagino que la mayoría de productos los deben importar, además de que tienen uno de los mejores niveles de vida del mundo. Nos comentaban que en el año 2016 les habían subido el sueldo un 15% mientras que el I.P.C. solo había subido un 2. Comentamos que nuestros políticos deberían aprender y tomar ejemplo, no solo de esto, sino de otras muchas cosas más.

Llegamos a Reykjavik, que es Islandés significa bahía humeante, y fue en principio un antiguo asentamiento noruego hacia el año 870, y que ahora mismo es la capital más septentrional de un estado soberano. Nos dirigimos al centro tranquilamente, no tenemos prisa aunque antes pasamos por la zona de las embajadas, una pequeña urbanización donde en las casas hay siempre bicis sin candado, o un montón de objetos desperdigados por el jardín. Aquí no hay apenas delincuencia ni hurtos, y probablemente sea la capital más segura del mundo.

 

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Reykjavíkurtjörn, un lago en el centro de la ciudad.

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Una de las numerosas iglesias. 

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Puerto.

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Cafeterías y bares en el puerto.

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Nadie podrá decir que no hemos visto osos polares en Islandia.

Hallgrimskirkja Church, Skolavorduholt, Reykjavik

Iglesia de Hallgrimskirkja

A pesar de lo moderna que parece por fuera, la decoración del interior es bastante austera y sobria, aunque no le resta encanto. Echamos las fotos de rigor y damos por concluida la visita tras unas cuantas horas caminando por la ciudad. Volvemos en Autobús a Keflavik para ver si tenemos noticias de nuestras bicicletas. Nada de nada, así que nos vamos a dormir con una tremenda preocupación.

Y por fin…

4:43 de la madrugada, suena mi móvil y resulta ser un ángel disfrazada de trabajadora de WOW AIR que nos dice que nuestras bicicletas han llegado a Islandia. Me entra una alegría inmensa y ya no puedo dormir más empezando a empaquetar cosas para empezar la aventura en cuanto antes.

Sobre las seis nos dirigimos al aeropuerto y en efecto, allí están. Tras los típicos tramites por perdida y recuperación de equipaje, volvemos al Guest House para desayunar rápidamente y empezar a montar las bicis y todo el material que nos llevaremos con una sonrisa de oreja a oreja.

Tras el montaje y posterior comprobación de todo lo que nos vamos a llevar, guardamos las cajas de las bicis para recuperarlas a la vuelta en un lugar que tienen a tal efecto en el Guest House, y tras esto… respiramos, sonreímos, encalamos y… ¡Partimos!

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¡Empezamos el montaje!

montaje3

¡Lista!

montaje 4

Y tras dos días de incertidumbre…¡Partimos!

 

 

 

 

 

 

 

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