La Peña de Oroel, guardián de los Pirineos.

La primera vez que subí a la Peña de Oroel tenía 18 años, era justo el día de Navidad de 1990 y había nevado el día anterior, lo que junto con la nieve acumulada de otras nevadas hizo un tanto penoso la subida a pesar de que fue por la cara Sur, recuerdo que fue muy reconfortante llegar a la cima y contemplar las vistas que nos ofrece este magnifico mirador del Pirineo de Huesca. Faltaba la bajada.

25 años después lo he subido como medio centenar de veces y por todos los lados posibles. Esta ha sido una de ellas, pero podría ser otra cualquiera, aquí va lo que recuerdo de ese día.

Llevo unos días por la capital de la Jacetania realizando algunas otras rutas y actividades, aunque en el día de ayer me decido a subir a Oroel una vez más. Esta vez haré una de las vueltas que más me gustan, ya que es muy completa y nos acerca tanto a la cruz de Oroel como a la Punta Bacials, lo que viene a ser la punta Este subiendo por la cara Norte.

Me despierto temprano por la mañana, lo que ya es un clásico en los últimos años de mi vida, me hago un café y miro por la ventana, enfrente tengo el Monte Cuculo, uno de los muchos montes pendientes que tengo por la zona, pienso que como es un monte fácil me gustaría hacerlo con algo de nieve para darle algo más de “divertimento” a la subida. Miro como está el día y a pesar de amanecer con algo de escarcha el Sol va dejándose ver poco a poco, lo que va a hacer que sea un día magnifico. Acabo de desayunar y me visto, preparo algo de comida para la excursión y lleno el camelback, hago una pequeña revisión del material que llevo para la ocasión y me bajo a la calle, en efecto hace frío pero ese frío me reconforta el espíritu, me alegra el alma y me hace pensar que dentro de un orden soy un tipo con suerte por hacer lo que me gusta, y lo que me gusta es estar en contacto con la naturaleza, algo para lo que creo que en su momento me diseñaron o programaron. La ciudad no es para mí, aunque tengo que pasar una parte de mi vida allí por exigencias del guión, espero que algún día eso cambie.

Me monto en la furgo y suena en la radio “Sunday Bloody Sunday” de U2, escrita a raíz de los enfrentamientos del llamado Domingo sangriento a principios de los años 70, en donde hubieron más de una decena de muertes, y me viene a la cabeza los textos de Miguel Hernández y lo tristes, lo absurdas, lo estúpidas que son las guerras.

Justo en esos pensamientos llego a Jaca y me desvío por una de las tres carreteras del Sur de la ciudad, y tras bajar hasta cruzar el río Gas, voy ascendiendo en continuos virajes durante 7 kilómetros de carretera recién arregladas hasta un desvío a mano izquierda por una pequeña pista asfaltada que me lleva hasta el punto de partida de la excursión de hoy, el Parador de Oroel aunque también es un lugar en el que se aloja un buen Restaurante, con una terraza mirador de vistas privilegiadas, un fácil acceso con coche desde cualquier lugar y con una oferta gastronómica excelente.

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El Parador bajo un excelente día.

Llegado al Parador me doy un pequeño paseo hasta el mirador y me dejo “atrapar” por esa energía que emana de las montañas, poco después me coloco la mochila a la espalda y tranquilamente me dispongo a enfrentarme a los pocos más de 600 metros de desnivel hasta la cruz por el sendero de los neveros. El camino en principio es de pendiente fuerte a pesar de que se ha suavizado con algunos zig-zags recientemente así que rápidamente me despojo de una de las capas, me saco el gorro de lana y los guantes y me dedico a caminar lentamente, sin ningún tipo de prisa, inmerso en mis pensamientos y así sucesivamente y rodeado de pinos, voy restándole metros al acumulado de ese día.

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Primeros pasos.

Poco a poco los pinos van cediendo el espacio a los abetos y puedo observar la cantidad de árboles caídos, supongo por las tormentas, nevadas o vendavales de los últimos meses y me ando con algo de cuidado por si las moscas, aunque no hay peligro evidente debido a que no corre ni pizca de aire. Un par de curvas más y llego al Collado de las neveras, llamado así por que en la antigüedad se almacenaba nieve para trasladarla a la ciudad de Jaca y otros municipios colindantes. Veo la Cruz y sonrío, sabedor de que me quedan menos de 70 metros de desnivel para llegar. Continuo a ritmo pausado y sonriente por entre prados rodeados de bojes hasta llegar a la gran Cruz de 9 metros que en su momento, a principios del S.XX fue levantada por el cuerpo de forestales.

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Collado de las neveras.

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Últimos metros para llegar a la cruz.

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La Cruz de Oroel en todo su esplendor.

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Vistas del Pirineo desde la cima.

Observo todo el horizonte por los cuatro puntos cardinales mientras bebo un trago de agua, el Sol hace que el día parezca menos frío de lo que en realidad es, así que me acabo quedando en manga corta, algo atípico para lo adentrado que está ya el Otoño y mirando el paisaje detengo mi vista en la Canal de Berdún, por donde fluye el Camino de Santiago Aragonés y pienso en los buenos recuerdos que me trae, ya hace más de un año que lo realicé pero aún siguen muy latentes esas conversaciones con otros peregrinos en los albergues y también la soledad del camino, al menos en su vertiente aragonesa.

Poco después de tomar unas fotografías, desando el camino andado hasta pillar un desvío que me ha de llevar por una bonita bajada arbolada hasta la Ermita de la Virgen de la Cueva, aunque ya no se puede visitar su interior debido a un derrumbe que hubo hace un para de años, así que continuo por un sendero demasiado trillado para mi gusto por los jabalíes que infestan esta zona.

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Ermita Virgen de la Peña, o lo que queda de ella.

Sin perder casi altura me dirijo a una pequeña explanada en donde llega algún 4×4 para salir desde aquí y enfrentar la cara Sur de Oroel, y recuerdo uno de mis últimos vivacs que hice aquí hace ya algún tiempo. Me viene a la mente aquella noche fría y estrellada, se nos hacía tarde para llegar a nuestro destino así que decidimos parar a cenar algo, y ya nos apalancamos y decidimos pasar noche aquí para madrugar al día siguiente y seguir camino.

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Zona de Parking en Cara Sur, enfrente toca remontar hacía Punta Bacials.

Estoy a 1.360 metros de altura así que de nuevo me toca remontar por un pequeño y pedregoso sendero, y de una manera bastante directa llegar hasta una pequeña fuerte que yace yerma, seca , aunque aprovecho el espacio para detenerme y recuperar el resuello por el esfuerzo acometido de los últimos minutos y aprovecho para disfrutar del espectáculo de unos caballos correteando y jugando por la zona. Es mediodía y ya estoy casi en la cima de la cara este a pesar de tomarme las cosas con calma, con bastante calma observo que voy muy bien de tiempo así que racaneo un rato más y ahora si, por una zona no muy bien marcada y delimitada me pongo a progresar rodeado de erizones así que algún que otro pinchazo me llevo en las piernas cuando meto el pie en donde no debo aunque es del todo soportable. En una media hora o un poco más llego a la cima o Punta Bacials, y desde aquí me voy hasta la punta más oriental para disfrutar de las vistas que otorga esta parte. Tras un ligero descanso me dispongo a buscar la Senda de los Lobos, un sendero que baja directo al Parador aunque he leído en algún blog que el camino no está en muy buenas condiciones. Todo y así me apetece bajar por allí ya que la zona es digna de enmarcar en un buen cuadro y allí que me dirijo.

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Punta Bacials.

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Camino hacía Senda de los Lobos.

La entrada al sendero me la encuentro bastante tapada por algunos árboles caídos recientemente así que avanzo contorsionándome por entre ramas, troncos y rocas y así penosamente avanzo unos 50 metros, lo justo para entrar de lleno en el sendero y a partir de aquí no encuentro ningún obstáculo más salvo algunas pequeñas ramas que el viento ha arrancado de los árboles, progreso ya sin ningún impedimento por un perfecto camino que los excursionistas que han pasado en los últimos tiempos han trazado perfectamente y sin mayor historia llego a la carretera del Parador y tras unos centenares de metros avisto la zona de Parking del mismo.

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Algunos tramos al principio son algo complicados.

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El sendero finalmente resta en perfectas condiciones.

Tras llegar a la furgo y cambiarme de ropa me acerco al Restaurante y tras pedir una cerveza me siento en la terraza a degustar la birra y los paisajes a partes iguales. Pienso en como añoro a mi compañera de viaje de estos últimos años, y tras contemplar los paisajes nevados de los pirineos pienso en que podría realizar alguna travesía con la mountain bike por zonas nevadas, por algún territorio del Norte de Europa… poco a poco esa idea va tomando forma en mi cabeza mientras apuro los últimos sorbos de tan precioso líquido. Hay tormentas que rugen en nuestro interior, en esas personas que amamos por encima de todo la aventura, en esas personas que somos adictos a la incertidumbre que nos espera tras cada curva del camino, y es precisamente ese volcán el que nos puede llevar más lejos de lo que a veces, creemos posible. Todo lo que vale la pena merece un esfuerzo. Y que así sea siempre.

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