Barranco de la peonera.

Llevo tiempo sin escribir en el blog, al menos no todo lo que debiera. Quizás me cueste contar nuevas historias y me remito a hacer reseñas únicamente sobre libros relacionados con la aventura en general y el ciclo turismo en particular. Quizás piense que simplemente no le importan mis narraciones demasiado a las personas que leen mis andanzas. El caso es que han quedado en unas libretas escritas a boli Bic y algunos que otros borradores en el ordenador grandes rutas como las Transpirenaica, El Camino de Santiago catalán por San Juan de la Peña, la Bidasoako Pedalak u otras de menor relevancia. Todo está ahí y ahí quedará.

Es muy temprano y ando disertando entre garabatos, borrones y tachones en la libreta, levanto la vista y observo el silencio en el que está sumido el Albergue Crux a estas horas de la mañana. Es un lugar tranquilo, autentico, acogedor… de esos espacios en los que perduran durante mucho tiempo dentro de ti.

El Albergue está situado en Adahuesca, una pequeña población en pleno corazón de la Sierra de Guara, Crux es un proyecto en forma de oasis que en su momento soñaron Alfred y Eva y que desde hace unos pocos meses han hecho realidad y doy fe de que han acertado.

Cuenta con tres habitaciones que otorgan un total de 18 plazas, con unas camas muy cómodas con su led independiente por si te apetece leer así como un enchufe individual. Además dispone de unos baúles debajo de cada litera para guardar el equipaje al cual le puedes poner un candado. En la zona de arriba también han acondicionado una zona común con sofás, mesas centrales y un sinfín de libros y juegos para pasar las tardes bien tranquilo, si eres de los que te gusta meterte caña en forma de barrancos, trekkings o mountain bike por la mañana y pasar la tarde relajado.

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El lugar en donde dormimos Nerea y yo, junto a la terraza. Idílico.
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Zona común o comedor.
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Terraza.
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Vista general.

Abajo, en donde ahora mismo paro, cuenta con unos sofás y una zona de mesas para comer, leer o simplemente charlar además de una zona donde calentar la comida o una nevera para guardar los alimentos que traigas, y afuera un terraza que estas noches ha hecho que mi felicidad sea plena, sentarte a la fresca con una buena cerveza no tiene precio.

Mientras sigo emborronando la libreta llega Alfred, son justo las ocho de la mañana y acude puntual a la cita diaria que tiene con su negocio.

–       ¡Buenos días Alfons! ¿Qué tal has dormido?

–       ¡Buenos días! Pues he dormido genial, ¿tu que tal?

–       Todo perfecto, ¿vamos a por ese desayuno?

–       ¡Vamos!

Mientras va preparando el desayuno comenzamos a charlar animadamente y me pregunta por el Barranco de la Peonera, el que hice ayer con Nerea.

–       ¡Ostras! pues estuvo genial, lo contraté de nuevo con la gente de Avalancha, con los que lo hacemos siempre y la verdad es que salió todo perfecto, al llegar a la oficina me encontré con Javier, uno de los guías y me comentó que era él el que nos iba a acompañar así que tras  saludar a Ugo y recoger todo el material pusimos rumbo hasta el Parking del salto de Bierge con Silvia, una buena amiga y compañera de aventuras estos últimos años que nos acompañó en el día de ayer y un matrimonio holandés con sus dos hijos. Un grupo pequeño, como debe ser para disfrutar de un barranco como La Peonera.

–       Pues es como mejor se disfruta un barranco, con un grupo pequeño ya que todo va como más fluido, me comenta.

–       ¡Vaya que si!

El caso es que tras dejar un coche en el Parking, nos trasladamos hasta aproximadamente el kilómetro 6 de la carretera que va a Rodellar y en otra explanada señalada y habilitada dejamos el otro coche, justo donde se inicia la aproximación a la entrada del Barranco. Tras pillar todo el material, el agua y los bocadillos para pasar la jornada emprendemos la marcha por un sendero muy bien marcado y cual es nuestra sorpresa que vemos venir de frente varios grupos que se estaban dando la vuelta, todos nos dicen que el agua tiene un color marrón de las últimas lluvias que han arrastrado lodos y que baja bastante fuerte el río.

Javi nos mira y yo le comento que si no hay peligro para mi hija ya que es su primer barranco y para los pequeños holandeses, ya que por lo que a mi respecta no hay problema, que así veré la peonera desde otro ángulo. Tras esto pasa a comentárselo a los holandeses y estos dicen que ellos han venido a hacer el barranco, así que seguimos camino.

Al acabar el  sendero, el camino se enrosca por un bonito grau y en algunos pasos han instalado unos escalones tipo ferrata para hacer más cómodo el descenso, así que en unos 40 minutos nos plantamos en el río entre conversaciones, risas, tropiezos y alguna que otra anécdota que nos vamos contando de barrancos hechos anteriormente.

–       ¿Había mucha gente? Me pregunta Alfred.

–       Ufff, pues no demasiada a causa del retorno de varios grupos, aún así esperamos como media hora, aunque lo justo para comer algo, irnos equipando y seguir las instrucciones de seguridad que nos comenta Javi.

La verdad es que Nerea estaba como loca por hacer su primer barranco y enseguida se coloca el neopreno, mientras hablo con ella y le explico algunas cosas le veo algo raro en el traje pero no le presto demasiada atención… hasta que Javi me devuelve del limbo y me dice.

–       ¡Pero tío! ¿No ves que Nerea lleva el neopreno al revés?

–       ¡Joder! No me había dado cuenta…  vaya empanada mental que llevo.

Con el neopreno bien puesto.
Con el neopreno bien puesto.

Yo también me tiro al agua y no la encuentro nada fría, eso si… baja alegre y muy turbia aunque eso no va a impedir que disfrutemos de una grata jornada en buena compañía.

Uno a uno vamos entrando en el río y enseguida nos ponemos en movimiento, Silvia progresa con la seguridad que en ella es característica y Nerea veo que se mueve con soltura y sobretodo con naturalidad en un entorno que no es el suyo, se defiende bien. Llegan los primeros caos y toboganes, que vamos atravesando sin ninguna dificultad y a gran velocidad, la fuerza de la corriente nos lleva sin descanso de uno a otro paso, y empiezan los saltos. Javi se detiene y explica la técnica y primero se van tirando uno a uno los holandeses con gran nota,  después Silvia y tras de ella Nerea, que me mira y con una gran sonrisa da el pasito y ¡chofff!

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Primer salto.
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La corriente se nos lleva rápido lo que le da mucho más dinamismo a la actividad.

–       ¿Qué tal la ves Javi? Le pregunto al guía.

–       Nerea lleva tus genes chaval, esta salta la presa.

–       Me río y acometo el salto.

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Se puede apreciar al fondo la marca del agua del día anterior.

Los tramos iniciales son sencillos, excepto el paso de Anaïs que puede llegar a ser mortal, así que lo evitamos por su derecha y como siempre los paisajes de Guara no defraudan, tanto en llano como dentro de los ríos, así que nos vamos moviendo por lugares y rincones de lo más idílicos con su característica roca caliza. Algún resalte, una badina, otro caos por el cual vamos bajando sin ningún problema y con precaución. Poco después llegamos a una pequeña salita oscura, con un sifón nada complicado así que tras pasarlo uno a uno llegamos a unas rocas agujereadas de enorme belleza para entrar en otro caos. A estas alturas vamos comentando que Nerea se ha hecho con el barranco en seguida y que a pesar de la cautela con la que afronta todas las dificultades las resuelve sin ningún tipo de problema, y su cara es todo un poema… pero de felicidad. Continuamos por pasillos inundados hasta llegar a un salto de unos seis metros, donde de nuevo saltan primero los holandeses y tras de ellos saltamos nosotros tres. Javi nos deleita con un salto que nos deja atónitos por su bella ejecución, está claro que sus doce años de experiencia en barrancos le hacen ser un experto en estas acometidas  además de un excelente guía.

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Un salto bien ejecutado.

Poco después llegamos a una zona en donde hay tres saltos de cuatro, seis y el mayor que le hemos bautizado como “el del árbol” de 9 metros. Nos tiramos tanto en el de cuatro como en el de seis, el de nueve pasamos ya que hay un grupo de unas veinte personas esperando para hacerlo, así que nos detenemos un poco más abajo en un espacio en tierra firme para comernos los bocatas que hemos traído. Lugar y momento relax muy cerca del Barranco de la Tamara.

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Momentos de risas en buena compañía. Javi, un grande.
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Sin complejos.
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El guía con los dos holandeses. Un barranco para disfrutar.

Alfred en esos momentos justo está acabando de preparar el desayuno cuando aparece Nerea.

–       Buenos días, nos saluda.

–       Buenos días pequeña. ¿Tienes hambre?

–       Un poco… ¿Vamos a desayunar ya?

–       Están acabando de prepararlo, en breve desayunamos.

–       ¡Ok!

Tras nuestra breve parada para comer en el barranco, proseguimos la marcha por una zona llamada la “chillout” así que nos tumbamos sobre el agua y nos dejamos llevar por una zona en donde el barranco se abre totalmente siendo un río “común”, algunos tramos los realizamos caminando, otros flotando, nadando o simplemente los vadeamos por fuera del río. Y así pasito a pasito llegamos a la zona de la presa en donde no hay demasiados bañistas. Las aguas turbias y las últimas lluvias han debido hacer que no suba tanta gente. Un salto de nueve metros nos espera.

Nos colocamos en la presa y Nerea se la mira, me mira y dice… yo no salto. Silvia se asoma y comenta, yo paso de tirarme que luego hay que subir de nuevo y ya la he hecho. Yo me asomo y como tengo una cuenta pendiente con la presa desde la última vez me coloco y ejecuto el salto. A pesar de que no hago una buena recepción el salto me parece increíble, apenas me estoy recuperando cuando veo a Silvia que se coloca y se tira… cuando llega a mí nos entra la risa de saber que de todas todas se iba a tirar, miramos para arriba y vemos como Nerea habla con Javi, sonríe, se levanta y sin más da un paso sin ninguna vacilación, y vuela… vuela sobre la presa y se me encoge el corazón y en lo que me parece una eternidad veo como recepciona en el agua con una enorme sonrisa, y cuando emerge me entra una felicidad inmensa, nado hacía ella y la abrazo. ¡Lo ha hecho!

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Volando sobre la presa.

–       ¿Qué tal?

–       ¡Mooooooola! ¿Cuándo hacemos el siguiente?

Salimos del agua entre risas, rebosantes de adrenalina y pillamos el camino mientras nos vamos despojando del casco y neopreno, llegamos arriba para acabar de ordenar todo el material y nos tomamos un descanso antes de ir a buscar el coche en la explanada. Nos despedimos los tres de Javi con un gran abrazo y un cuídate para más tarde despedirnos de Silvia, que marcha de vacaciones un par de semanas por el Norte de España. Uno de esos días para enmarcar.

–       ¿Así que saltaste la presa? Le pregunta Alfred.

–       Si, está muy guay… de hecho aunque impresiona mucho desde arriba luego es súper divertido.

En ese momento llega Eva, y ayuda a Alfred a traernos el desayuno… nos ha preparado una macedonia de fruta natural, unos zumos, tostadas con mantequilla y mermelada y para después unos embutidos con pan y tomate y como no, un buen café con leche.

–       ¡Así podréis recuperar fuerzas después de la paliza de ayer!

Seguimos conversando los cuatro y nos ponen al día sobre escalada en la zona, ellos dos son todos unos aventureros en toda regla, por lo que la conversación reza con gran fluidez.

Un rato después recogemos el material y nos despedimos con la certeza de que muy pronto nos veremos de nuevo.

Hay lugares que enamoran.

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