Si tienes un sueño, encontrarás el camino.

Aproximación a Refugio del Toubkal

Este proverbio Swahili rezaba en la parte trasera de un coche aparcado en la localidad de Imlil, en pleno corazón del Atlas marroquí. Cada cual a su manera y a su modo busca un sueño, un camino, una meta o simplemente es ese propio viaje el que le hace feliz, un viaje a cualquier lugar o un viaje hacia si mismo, pura introspección. Puede ser que ese viaje dure un día, un mes o quizás el resto de nuestras vidas. Una vida en la que por mucho que nos empeñemos llevamos impresa una fecha de caducidad, y por lo tanto hay que vivirla lo más intensamente que se pueda, lo más intensamente posible.

Como os decía, este proverbio lo vimos justamente cuando arrancábamos desde Imlil hacia el refugio del Toubkal, el día anterior habíamos llegado a Marrakech y tras pasar noche en el excelente albergue de Mazik Toubkal  nos disponíamos a iniciar el ascenso.

Vistas desde el albergue

Mohamed, nuestro guía parecía decir… ¡No os queda nada!

M´zzik se encuentra a unos 1.800 metros de altitud y es una pequeña localidad sin ningún tipo de servicio salvo el albergue, así que para cualquier cosa hay que bajar a Imlil, un pueblo algo más grande que está a unos veinte minutos caminando. Lo bueno de M’zzik es la tranquilidad que se respira, cosa que no tienes en las ajetreadas calles de Imlil. El caso es que tras cargar las mulas con los equipajes y llenar nuestras mochilas de agua emprendimos los primeros metros por una pista ancha que discurre por el Valle del Assif n’Ait Mizane con un fresquito que se agradecía sobremanera, a la izquierda y tras dejar el pueblo de Aremd, un característico pueblo construido encima de un enorme caos de bloques de piedras que ofrece un fisonomía muy característica de los pueblos bereberes del Alto Atlas, se cruza el lecho pedregoso y seco del río Aït Mizane donde el camino ya se estrecha, no sin antes pasar por un puesto de refrescos y chocolatinas que tienen unos zumos de naranja increíblemente frescos y recién exprimidos que hará las delicias de todo aquel que suba hacia el Refugio del Toubkal, de hecho nos iremos encontrando varios de estos puestos por todo el camino hasta totabilizar casi la docena repartidos por toda la ruta. El camino en si no presenta ningún tipo de dificultad salvo el transito de mulos, muleros y excursionistas en uno y otro sentido que te obligar a detenerte y echarte a un lado para dejar pasar o que los demás hagan lo propio contigo, y así va ascendiendo muy progresivamente hasta llegar a Sidi Chamharouch, un pequeño pueblo que es lugar de peregrinación y ofrendas ya que allí está la gran piedra de Morabito, al lado de la gruta en donde pernoctó Sidi Chamharouch.

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Río Aït Mizane

Sidi Chamharouch fue el Rey de los genios, tenía la apariencia de un perro negro durante la noche y de un ser humano durante el día, según cuenta una leyenda.

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Poco después de cruzar el río, el camino se hace más agreste.

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Pueblo de Sidi Chamharouch.

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La parte femenina de la expedición posando ante una de los puestos de frutas y refrescos.

 

Pues bien, en este lugar que está a unos 2.300 metros de altitud hay varias tiendecitas y pequeños puestos de refrescos en donde nos tomamos un merecido té, unas barritas de chocolate y descansamos un rato. A partir de aquí, cruzamos el río por un puente y el camino empieza a picar un poco más y va serpenteando aunque sin perder de vista a nuestra izquierda y mirando hacía abajo la gran piedra del morabito, y esta vez si… vamos dejando a mucha profundidad el río para ascender rápidamente y tras pasar por un par de puestos más de refrescos y tiendas llegar al refugio del Toubkal situado a 3.250 metros de altura, en lo que tardamos con varias paradas y al ritmo de las mariposas cinco horas y media.

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Llegando al Refugio del Toubkal, ni rasto de nieve.

Refugio del Toubkal

Por lo visto, este refugio fue construido en 1938 por el Club Alpino francés y remodelado en 1997 por el arquitecto Claude Verdugo y ahora mismo cuenta con 86 plazas aunque vimos mucha gente desperdigada por las terrazas haciendo Vivac o en las afueras, en mi opinión el refugio está bastante bien y a pesar de que está demasiado masificado se guarda bastante silencio en las habitaciones, aunque eso si, sufrimos algún robo de material allí, aunque lógicamente fueron otros mal llamados montañeros los que nos levantaron el material. También resta decir que hay pocos baños para tanto excursionista y las duchas están de pena, así que en este sentido si se podrían poner las pilas y adecentar un poco el tema. La comida más que correcta para un refugio de montaña, además de que cuentan con una pequeña tienda donde venden todo tipo de refrescos y alimentos.

Subida al Toubkal.

Tras pasar una noche muy típica de los refugios de montaña (Dormir a ratos y levantarte con dolor de espalda y muy pronto) nos dispusimos a desayunar en uno de los dos comedores que hay habilitados para los montañeros en el refugio, el movimiento y el nerviosismo era máximo ya que estaba lleno de expediciones que cada uno con su guía iba a atacar la cima, nosotros y bajo la petición de Silvia, pedimos hacer una circular y bajar por la vía de Ikhibi Norte, para ver los restos del fuselaje y motor de un avión militar que se estrelló en 1970, Javier y Berta, unos montañeros con los que habíamos coincidido en el albergue de M’zzik como bajaban por la vía clásica, se levantaron algo más tarde.

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Primeros pasos de la ascención al Toubkal.

Tras el desayuno y las pequeñas mochilas de ataque con suficiente agua y comida salimos del refugio muy pronto, apenas había amanecido por lo que hacía algo de fresco aunque nada del otro mundo, y así y tras cruzar el torrente Assif n’ issougouane que hay detrás del refugio empezamos una subida nada técnica que va ganando altura muy rápidamente, se pasa por la derecha de unos contrafuertes rocosos y tras cruzar por una zona más rocosa y ganar algo más de altura se empieza a divisar el Collado Tizi n’ Toubkal, a unos 3.971, lugar que aprovechamos para hacer un descanso ya que el cansancio empezaba a aparecer y la altura también nos iba dando algún bofetón que otro.

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Últimos metros de la ascensión, el Toubkal O. se deja ver al fondo.

En este collado las vistas son impresionantes y posee unas vistas muy panorámicas de todos los cuatromiles de la zona, y de la vertiente sur, hacía el lago de Ifni, unos dos mil metros más abajo.

Al cabo de unos minutos reemprendimos la marcha y se va ascendiendo por unas pendientes bastantes rocosas pero con el camino muy marcado debido a la gran cantidad de montañeros que ascienden cada día este pico y en pocos metros ya se empieza a observar el vértice geodésico en forma de triangulo situado en la cumbre del Monte Toubkal, hasta que se encaran los últimos metros por una suave pendiente hasta llegar a la cumbre más alta del Norte de África.

A pocos metros de la cumbre y viendo que iba a conseguir una de las propuestas, sueños, retos o llamarlo como queráis que me había planteado tiempo atrás junto con varias docenas de planes más me entró una emoción increíble. Al llegar al vértice ya estaban todos esperándome y me abracé a Jordi, al cual también noté bastante emocionado… hacia mucho tiempo que habíamos planeado este ascenso y por fin se había materializado.

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¡Momento cima!

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La bajada por Ikhibi Norte, sencillamente de “summa cum laude”

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Alguno de los restos del avión que Silvia se quería llevar a su casa.

Tras un pequeño descanso, risas, felicitaciones, hidratación, más risas, más felicitaciones, más fotos y más risas iniciamos el descenso por la parte del Ikhibi Norte. Se desciende por la Arista Norte que no presenta ningún tipo de dificultad más que toda la piedra suelta (Nosotros no encontramos nada de nieve en toda la ruta) y así se llega hasta el collado Norte, a 3.950 metros. Desde aquí fuimos bajando un collado a la izquierda del Imouzzer hasta dar con el circo de Tikint n’ Ouanas, lugar en donde a nuestra derecha y ya encarando el valle que nos tenía que llevar hasta el Refugio del Toubkal están los restos del avión militar, y así en continua y pedregosa bajada se llega hasta el fondo del valle, realizando una pequeña diagonal al final para pasar entre las tiendas de campaña de los montañeros acampados y llegar al Refugio en unas cinco horas.

Bajada a M’zzik

Ese día a Silvia D. Silvia G. y a mí no nos tocaba madrugar, nos bajabamos a M´zzik mientras Jordi, Ricardo, Berta y Javier iban a subir el Ras y el Timezguida. La tarde y noche anterior habíamos estado de risas, tomando té y descansando en el refugio tranquilamente. El guía de Javier y Berta los acompañaría a hacer estos dos cuatromiles y Mohamed vendría con nosotros hacia abajo.

Tras desayunar, recogimos nuestros enseres y los dejamos a la puerta del refugio en donde los cargarían en la mula mientras nosotros tres descendíamos tranquilamente hasta el albergue en el que dormimos el primer día, la verdad es que bajamos muy tranquilos, charlando con la gente que iba subiendo, haciendo fotos y parando en algunos puestos a tomar algún zumo que otro.

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Regresando a M’zzik

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Los cuatromiles van quedando atrás.

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De nuevo, pasamos por sidi Chamharouch.

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Localidad de Aremd desde el río Aït Mizane.

 

La bajada en si no tiene mayor problema que el cansancio acumulado de los últimos dos días, aún así en poco más de cuatro horas con paradas incluidas estábamos en M’zzik de nuevo dispuestos a pasar un par de días más y realizar alguna que otra excursión a otras montañas de la zona, para regresar de nuevo a la capital marroquí y pasar un día allí haciendo turismo antes de regresar a Barcelona. Por la tarde llegaron Ricardo, Jordi, Berta y Javier y pasamos a explicarnos los unos a los otros lo que había dado de si el día. Quizás esta ruta no haya sucedido al pie de la letra tal y como yo la cuento, pero es así como la recuerdo. La vida, como las experiencias y los viajes cada cual lo vive de un modo distinto… y es así como yo he vivido este viaje. Quedan muchos recuerdos que permanecerán ahí, imborrables, tan imborrables como esa fecha de caducidad que llevamos todos impresa. Who’s the next?

 

 

 

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