Guara, tres cicloturistas en territorio comanche o manual completo del perfecto empujador de bicis.

Justo me desperté  cuando las primeras luces del alba invadían la habitación, un intenso olor a café recién hecho subía por las escaleras procedente de la cocina, así que poco a poco me desperecé, salí del saco y sin hacer demasiado ruido para no despertar a mis compañeros de travesía bajé al comedor y elegí una ventana que daba al Tozal de Guara para ver como estaba el tiempo. El día estaba amaneciendo de un gris plomizo aunque eso no restó ni un ápice a las ganas de pedalear que tenía.  Vi a Maggi   preparando el desayuno y me acerqué para charlar un rato con ella, me ofreció un café y me senté al lado de la estufa de leña a calentarme un poco y repasar mentalmente la etapa de hoy. Subida a Bara por pista cómoda dejando a nuestro paso Bentué de Nocito y Used, y a partir de aquí y después de cruzar el Alcanadre, subida empujando la bici hasta Nasarre, uno de los varios pueblos abandonados por lo pasaríamos a lo largo de la jornada, y además una de las partes más inciertas ya que no teníamos claro que nos íbamos a encontrar en cuanto a ciclabilidad de la ruta.

Estaba inmerso en mis pensamientos cuando bajaron Jordi y Ricardo , me miraron y me preguntaron a la vez…

–       ¿Cómo está el tiempo?

–       Tiene pinta de llover, les respondí.

–       ¡Guay! dijo Ricardo,  y los tres nos echamos a reír.

Tomamos asiento y desayunamos con toda la tranquilidad del mundo sabiendo que nos esperaba una etapa dura  no ya por la distancia sino por el desnivel, el estado del camino en la parte central de la ruta o la ausencia de servicios al pasar por localidades despobladas. Charlamos sobre como encararíamos la jornada y pasamos a preparar nuestras bicis y el equipaje, momento que aproveché para cambiar el neumático trasero.

Después de una despedida más, esta vez con Maggi… monté en la bici y me adelanté para tomar unas fotos de Nocito, conciente de que en unos minutos Jordi y Ricardo me alcanzarían y así fue, momento en el que aproveché para sacarles unas instantáneas y ya encarar la subida a Bara los tres juntos en silencio. Solo escuchábamos el roce del neumático en la carretera, así como el sonido del aire y el canto de algunos pájaros.

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Avistando ya la localidad de Bara

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Pasado Bara toca arrastrar por el G.R. 1

Y de esta manera llegamos a Bara, cruzamos el río por un puente por la parte de atrás de la población, aquí y ya tomando como referencia el G.R. 1, el camino fue perdiendo ciclabilidad como ya nos temíamos así que nos bajamos y alternamos el empujar la bici, arrastrarla o directamente cargarla al hombro en algunos tramos más complicados de piedras por lo que los 45 minutos de subida hasta Nasarre se nos hicieron bastante largos, aunque eso si, las vistas que hay en esta zona son realmente increíbles y te dejan sin aliento ¿O era fruto del cansancio? Sea como fuere llegamos a Nasarre justo cuando desencadenaba una pequeña tormenta así que nos resguardamos en una casa abandonada y esperamos a que cesara, momento que aprovechamos para reponer fuerzas y comer algo.

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Llegada a Nasarre con el tiempo justo para cobijarnos de la lluvia

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Con paisajes como estos la felicidad siempre es máxima

Al cabo del rato nos aporreaba un sol de escándalo, así que montamos en nuestras bicis y bajamos por un sendero marcado y muy pedregoso, deciros que sale una pista que está en mucho mejor estado pero no acertamos en encontrarla así que entre piedras y matorrales y montando penosamente llegamos hasta la pista principal que estaba muy embarrada y pusimos rumbo a Otín. Pasado este pueblo nos encontramos con dos riders que habían venido a pegarse unas buenas bajadas con dos bicis de enduro (Que envidia), estuvimos charlando un rato con ellos y seguimos en dirección a Las Bellostas, este último tramo en continuo ascenso pero por pista muy cómoda.

Curiosamente aquí ya me moría por comer de nuevo, así que nos acercamos a la antigua iglesia de Las Bellostas para resguardarnos del viento y de la fina agua que volvía a caer y paramos a comer las últimas provisiones que nos quedaban.

Sentados allí, comentábamos lo bonito y duro que es este deporte, y que cuando la gente nos pregunta por que nos gusta tanto la bici o la montaña, yo al menos siempre les respondo… no sé, me gusta y ya está. No soy de muchas palabras pero son por momentos vividos como los de estos días los que te hacen reafirmarte en tu pasión por los deportes en contacto con la naturaleza, sean de la índole que sean. Supongo que cuando la montaña te conquista de una u otra manera, ya no puedes desengancharte de ella y es para siempre.

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La última parte de la subida desde Sarsa de Surta se deja querer un poco más y al menos puedes ir montado.

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Llegando al pico de Sivil.

Nos quedaba una bajada antes de Sarsa de Surta por carretera antes de iniciar el puerto más potente del día ya que en cuatro kilómetros de terreno totalmente roto subíamos unos 500 metros, por lo que de nuevo tocó arrastrar la bici, aunque una vez llegado al collado pudimos disfrutar una vez más de unas vistas espectaculares y que esta parte es la más bonita que realizamos estos tres días, y así fuimos en un constante sube y baja hasta pillar un bajadón (¿Dónde están nuestras bicis de enduro?) y llegar hasta la localidad de Alquézar, lugar en el que habíamos decidido pernoctar.

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Llegando a Alquézar

Sin dudarlo, podría decir que ha sido uno de mis mejores días sobre mi mountain bike, por esfuerzo, compañerismo, paisajes y como no… recompensa.

Después de una potente cena en la gran oferta turística de la localidad de Alquézar, nos retiramos a dormir… El retorno a Quicena nos esperaba al día siguiente.

Track de la ruta aquí

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Una respuesta a “Guara, tres cicloturistas en territorio comanche o manual completo del perfecto empujador de bicis.

  1. Es un gustazo leerte, de verdad!!! Me llega tanto……y tan bueno. Sólo te digo que me han entrado ganas de coger la bici para sentir ese espíritu aventurero que transmites. Un fuerte abrazo.

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