El canal del Midi. Día 3 o como cogerle el pulso al Canal.

Hoy de nuevo y por tercer día consecutivo me he levantado antes de que amanezca, mis ganas y mi motivación pueden más que mi sueño o cansancio.

La verdad es que me apetece mucho ver romper el alba encima de mi bici, y así lo hago… curiosamente, cuantos más kilómetros voy acumulando en mis piernas mejor me siento. Los primeros rayos de luz se filtran por los majestuosos árboles y bañan el Canal justo cuando voy dejando atrás la Cité de Carcassonne, que me observa impávida pero algo somnolienta y me despido de ella con un “¡Hasta pronto!”, el día se ha levantado sin una brizna de aire y totalmente despejado, lo que ha hecho aumentar la temperatura significadamente.

Esta esclusa me llamó enormemente la atención.

Me siento cómodo sobre la bici, así que aumento el ritmo y poco a poco voy notando como las alforjas, la bici misma y yo nos vamos fundiendo con el Canal, hasta ser un único ser… me parece estar navegando sobre el agua y no rodando por los márgenes de la obra de Paul Riquet, son momentos de felicidad inmensa, de dejar fluir mis propios pensamientos.

Imagino en esos momentos como debe ser rodar por espacios más amplios y más solitarios, mucho más alejados de la civilización, una civilización que con lentitud aunque sin descanso me va ahogando cada vez más.

Con la persona que me hizo esta foto, tuve una de las mejores conversaciones sobre la vida que he tenido nunca, era un habitante del Canal

Poco a poco me van devolviendo a la realidad los tripulantes de las  primeras embarcaciones con las que me cruzo o adelanto y que me saludan efusivamente unos, amistosamente otros, así que intento corresponderle con la mejor de mis sonrisas. Parece que hoy estamos todos algo más risueños y contentos, debe ser el calor.

El hambre empieza a hacer acta de aparición así que así que me paro justo en el Puente de Orbiel, llegando a Trèbes, como algo y me tumbo a observar las embarcaciones, a pesar de que el recorrido de hoy son unos 90 kilómetros he decidido emplear todo el día en hacerlo, pienso tomármelo con mucha calma y así lo hago.

Me documento sobre esta localidad, y me cuentan que aquí fue donde se terminó la primera fase del Canal, y que era justo aquí cuando las embarcaciones debían llegar al Mediterráneo a través del río Aude.

Después de visitar la localidad, retorno al Canal y de nuevo los patos hacen acto de presencia a decenas, voy teniendo cuidado de no atropellar a ninguno ya que no tienen ni complejos ni miedo por los demás habitantes del Canal.

Las esclusas, mis próximos proyectos, los puentes, los kilómetros y alguna que otra localidad se van sucediendo a golpe de pedal, y los paisajes se suceden a modo de girasoles y viñedos, cosa que enriquece mi alma y que agradezco encarecidamente.

Paraza

Le Somail

La redorte, Homps, Argens-Minervois, Roubia van mostrando toda su arquitectura hasta que finalmente decido pararme en Paraza, me llama la atención una cooperativa de vinos así que decido hacer una “pequeña parada técnica” para degustar los caldos de la región, y vaya si los testo. ¡Están riquísimos!, me quedo un rato en plan “Los Lunes al Sol”, más por exigencias del guión que por deseo propio, hasta que decido de nuevo poner pedales en polvorosa hacia Capestang, destino de hoy, aunque poco después llego a Le Somail, una localidad tremendamente atractiva, de todo el Canal me quedo con este pequeño pueblo, es un espacio de ensueño con un puerto increíblemente bello y multitud de ofertas gastronómicas, así que como solo me quedan 20 kilómetros para llegar a destino decido parar de nuevo a dejarme seducir por su oferta culinaria, allí coincido con una pareja de Málaga y mantenemos una animada conversación sobre bicicletas y sobre el Canal, ¡como no! Poco después nos despedimos y yo encaro mis último tramo al que llego algo más de una hora; Capestang a pesar de no ser un pueblo demasiado bonito tiene la iglesia-colegiata de San Esteban que merece la pena ser visitada, yo hice noche en el Hotel Le Relais Bleu, con una relación precio-calidad muy buena.

Llegando a Capestang

Y eso es lo que dio de si el tercer día, el Mar quedaba a escasas horas de distancia.

Tenéis el track aquí

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