“Donde viven los dioses menores”, un gran hermano en los Pirineos.

Hay autores que por las razones que sean, te hacen sentirte mucho más cercanos a ellos, quizás por esos espacios comunes que compartes sin saberlo con ellos (Y ellos contigo), cuando encuentras estos libros que te pegan al sofá, a la hamaca, a la cama, a la toalla de la playa y te hacen vivir aventuras, no ya en selvas desconocidas e inexploradas, en otras galaxias, bajo el fondo del mar o en mundos imaginados e imaginarios, sino en espacios más cercanos y mucho más familiares, tiene mucho mérito.
La historia que nos presenta Jokin Azketa “Donde viven los dioses menores” de Editorial Desnivel es de estas ya que dicho libro transcurre por ese magnifico Pirineo que nos queda tan cerquita, incluso puedes seguir en un mapa todo el camino por el que transitan los protagonistas de este libro, desde el Refugio de la Restanca hasta el Puente de Bujaruelo, junto al Circo de Gavarnie.
Collados, picos, valles, refugios… Pero esta no es una travesía en esquís cualquiera, ya que Jokin se encarga de crearle una tensión a la trama fuera de lo común.
“Donde habitan los dioses menores” es una especie de Big Brother de la montaña, donde los personajes acaban siendo vigilados por una ventana indiscreta, alguien que intenta infundir pánico, miedo e inseguridad a los protagonistas de dicha travesía, en una huida hacia delante.
Desaparición de material, de comida, siniestros refugios, extrañas notas y mensajes, aludes, temporales, niebla o como son sometidos sin darse cuenta los personajes a un rocambolesco y nada transparente guía de montaña y otras constantes hacen de este libro una lectura imprescindible a los amantes de la buena literatura de montaña y de misterio.
Por si fuera poco, el autor mezcla de una manera maestra nombres propios de la montaña como Kasparek, Heckmair, Vörg, Harrer, Bonatti, Tom Cream, Hermann Buhl o exploradores como Scott o Amundsen (Cosa que le agradezco ya que soy un amante confeso del Polo Sur) y situaciones ocurridas en el pasado con historias que ocurren en el presente y cuando parece que el libro no va a dar más de si, Jokin ejecuta un giro maestro con un final que te lleva a la reflexión.
En fin, una muestra más de la buena salud de la que goza la literatura de montaña.

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